Gracias a la sociedad argentina toda (o al menos al 50,07% de ella) me veo eximido hoy de hablar de la política nacional. Los números del último domingo hablan por sí solos. Quien todavía no los haya visto y los quiera ver puede ingresar aquí.
Vale decir que, tras las dos elecciones de la Ciudad de Buenos Aires en las que sufrimos duras derrotas (quien escribe fue fiscal por lo que las pudo observar de cerca), fue realmente lindo fiscalizar este domingo en el que se nos dio una contundente victoria. Ese continuo flujo de boletas azules saliendo de los sobres fue una verdadera caricia para los ojos.
Igual de alentador resultó el alto nivel de participación (cerca del 78%, y por encima del 81% en la Provincia de Buenos Aires), que nos habla de un pueblo que tenía ganas de votar, ganas de expresarse.
Hasta aquí nomás llego hoy porque sino me bifurco mucho en lo que escribo (Leti me acusará una vez más de pretencioso - seguramente intento reemplazar la notable falta de talento con rebuscadas figuras, por eso a continuación simplifico), me voy por las ramas (ahora sí, cortita y al pie).
Un atento saludo para la Nación que esta vez, -creo yo- no comió vidrio.
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